Preparación
Primero tenemos que pelar los tomates. Para ello, ponemos agua a hervir en un cazo, lavamos los tomates y les hacemos una cruz con un cuchillo en el culo. Cuando empiece a hervir el agua, retiramos del fuego, introducimos los tomates y los dejamos dentro unos 2-3 minutos. Los pasamos por agua fría, escurrimos y ya podemos pelarlos fácilmente.
Echamos los tomates pelados y cortados en cuartos en el vaso, junto con el azúcar y los clavos. Programamos 20 minutos, temperatura 100º y velocidad 2. En vez del cubilete, ponemos el cestillo boca abajo para que no salpique y se vaya evaporando el agua.
Volvemos a programar otros 10 minutos, a temperatura varoma y velocidad 2.
Si queda muy líquida (depende de los tomates) volvemos a programar otros 2 o 3 minutos, siempre teniendo en cuenta que cuando enfría se hace más espesa.
Echamos en un tarro, retiramos los clavos y dejamos enfriar.
En una sartén o plancha antiadherente ponemos una cucharada de aceite de oliva y extendemos muy bien (yo utilizo una brocha o también podéis hacerlo directamente con los dedos). Ponemos a calentar y colocamos las rodajas de queso. Ponemos el fuego fuerte y al minuto y medio le damos la vuelta (tiene que estar dorado por ambos lados). Lo tenemos otro minuto y sacamos a una fuente. Servimos una cucharada grande de mermelada por encima y ¡¡listo para comer!!
